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domingo, 28 de septiembre de 2014

Adaptaciones mentales y actitudinales



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Uno de los factores clave para la integración del alumno con diversidad funcional es la necesidad de moldear las actitudes del resto de niños del grupo respecto a su compañero, eliminar los prejuicios que hayan podido adquirir (por fortuna muy pocos a los 3 años) y los que pudieran ir adquiriendo a partir de ese momento.

Aceptación de la diferencia de Antón desde el respeto

Movilidad: Cuando inició su escolarización, Antón se desplazaba sentado sobre las nalgas, “culeteando” (shuffling en jerga médica). Desde el primer día de clase, nunca se pusieron objeciones a que se desplazara de esta peculiar forma, tanto en el aula como en el patio, gimnasio, biblioteca, pasillos… Utilizaba también una silla de ruedas (empujada por un compañero y no un adulto, siempre que fuera posible) y un triciclo que fue enormemente útil en ese primer curso, hasta que sus competencias motrices empezaron a mejorar y le permitieron adquirir una deambulación autónoma al inicio del curso siguiente. El apoyo del andador fue también básico para darle estabilidad y, sobre todo, seguridad en momentos críticos como el patio, cuando la presencia de multitud de niños moviéndose a su alrededor le desestabilizaba físicamente y le inquietaba.
Comunicación: Inició el primer curso utilizando algunas palabras y apoyándose en ellenguaje de signos como parte esencial de su comunicación. Muchos de sus compañeros de clase terminaron aprendiendo y utilizando algunos de esos signos. Cuando a mediados de ese primer curso progresó en su lenguaje oral, la profesora supo inculcar al resto del aula la paciencia necesaria para escucharle, esperar a que acabara las frases y tratar de entender el mensaje: haciéndole preguntas, interrogándose unos a otros, etc.
Control de esfínteres: La maestra logró transmitir a los niños la idea de que Antón no usaba pañal porque fuera un bebé, sino porque sus características fisiológicas y el peculiar funcionamiento de sus músculos lo hacían necesario. Cuando comenzó la etapa de abandono del pañal a Antón no se le escapaba el pis o la caca porque fuera un bebé o un dejado, sino porque sus músculos funcionaban de forma diferente a los de la mayoría. No se ríen, no se burlan, sino que aceptan estas circunstancias con una naturalidad que enternece. No sólo eso, sino que Daniela supo aprovechar esta circunstancia, la curiosidad e interés que suscitó, para trabajar en el aula el Proyecto del Cuerpo Humano.

Antón como un igual

Antón no era tratado desde la pena, la compasión o el paternalismo. Antón no era la mascota de la clase. Resulta muy difícil no caer en estos errores porque, a menudo, el aceptar al diferente se confunde con una actitud condescendiente y protectora, de arriba hacia abajo. Esto no es malo en sí, pero resulta muy peligroso porque, en cuanto ese ser frágil a quien protegemos y discriminamos positivamente, manifieste una actitud mínimamente negativa, agresiva o egoísta (como es natural en cualquier ser humano), esa actitud condescendiente puede dar un giro radical y dar lugar a sentimientos negativos hacia quien consideramos que no ha sabido correspondernos, ni agradecer nuestra deferencia.
Este sentimiento de pertenecer a un grupo que lo acepta plenamente, le aportó durante aquellos tres cursos unas dosis de autoestima increíbles, a una edad en que los amigos son tan importantes. El hecho de vivir esta experiencia en una etapa tan decisiva en cuanto a la configuración de la personalidad, es algo que va a quedar para siempre. Y le ha convertido en un niño muy distinto al que sería de no haber vivido esta experiencia. No quiero imaginar lo maravilloso de su vida si hubiera tenido continuidad más allá de la etapa de Infantil.

Aceptación de la diversidad: “cada uno hace las cosas a su manera”

Esta era la máxima de los niños de la clase de Daniela. Lo tenían tan interiorizado que incluso reprochaban a sus familias el hecho de no respetar sus tiempos o sus peculiaridades cuando tratábamos de imponerles conductas estandarizadas. Cada uno anda, come, habla, pinta, se sienta, juega y siente “a su manera”.
Todas estas experiencia no sólo ayudan y motivan al niño con necesidades educativas especiales, sino también al conjunto de esa clase. Resulta vital, en esos primeros y cruciales años de vida, enseñarles a aceptar la diferencia. Es necesario que la diversidad esté presente en el aula, no sólo en cuanto a la discapacidad sino también respecto a la diversidad étnica, cultural y social. No se trata tan sólo de evitar guetos, sino también de ayudar a todos los niños a apreciar y aceptar la riqueza de la diferencia, ya que la única forma de aceptar a quien es distinto, es a través de la convivencia.

Antón forma parte de la clase

El primer requisito para formar parte de un grupo es estar junto a él físicamente. Y aunque esto parece una obviedad, es algo que no siempre se respeta en el caso de los alumnos con diversidad funcional. Una imagen muy típica en los colegios es aquella donde vemos a los niños con discapacidad del centro (especialmente si es motriz) acompañados del auxiliar técnico educativo y segregados del resto del alumnado. Si tenemos en cuenta que los niños suelen jugar en el recreo con aquel compañero con el que llegan al patio y que en este momento de esparcimiento no buscan precisamente la compañía de adultos, podemos comprender cómo esta práctica dificulta enormemente la integración social del alumnado con discapacidad en el tiempo del recreo.
En la etapa de Daniela, tuvimos la suerte inmensa de que su maestra tuviera el claro objetivo de evitar que la clase fuera por un lado y Antón y la cuidadora por otro. Antón iba siempre acompañado por sus compañeros y, si como era el caso, necesitaba del ascensor para bajar al patio, siempre lo hacía junto a varios niños de su clase. Pero no como una obligación, sino como algo natural y que incluso se disputaban. Una de las muchas tablas de control que colgaban de las paredes de la “Clase de las Tortugas” establecía los turnos para acompañar a Antón en el ascensor: cuatro compañeros diferentes cada día.
En una ocasión, se liaron y fueron cinco. La profe les dijo que decidieran entre todos quien debía quedarse fuera. Tras unos minutos de deliberación la portavoz del grupo expuso sus conclusiones:
Hemos decidido que sea Antón porque él ya va en el ascensor todos los días.
Creo que esta anécdota ilustra a la perfección la naturalidad con la que Antón y sus circunstancias lograron ser aceptados en la clase de Daniela.
En el cole se celebra una carrera anual hacia finales de curso que supone un aliciente enorme para la mayoría de los alumnos pero que se convierte en un motivo de frustración para otros como Antón que, por mucho que lo intenten y se esfuercen, nunca podrán correr al ritmo de sus compañeros. Daniela supo hacer entender a los niños de su clase que era más importante cruzar la meta al lado de Antón que ganar una medalla.

Todos necesitamos de todos

Resultaba también necesario concienciar al grupo de que todos necesitamos de ayuda, no sólo Antón. En aquellos tres años, Daniela trabajó mucho la cooperación y el trabajo cooperativo en el aula. Esto resulta especialmente importante en unas edades en las que el niño tiende al egocentrismo. Coincide también con una etapa donde los adultos fomentamos que el niño “haga las cosas solo” y recriminamos constantemente su necesidad de ayuda. Por supuesto que resulta necesario fomentar su autonomía, pero también es cierto que no debemos hacerlo de tal forma que lo que acabemos fomentando sea el individualismo y, de paso, la discriminación, ya que hay niños que por sus características nunca van a ser capaces de hacer ciertas cosas solos y van a necesitar de la ayuda del resto, pero no porque sean más bebés, vagos o dejados.

Los problemas se hablan y se resuelven en grupo

En el aula existen muchas diferencias y surgen problemas. Las diferencias no sólo las marca la discapacidad, sino que también existe diversidad de personalidades y de circunstancias sociales, culturales y económicas que muchas veces dan origen a problemas de conducta en algunos niños. La pretensión de Daniela no fue nunca ocultar esas diferencias sino hablar de ellas, entenderlas y conseguir que esos niños no se sintieran excluidos.
El objetivo principal de las asambleas, especialmente en el último curso, era la resolución de conflictos. Las asambleas en clase de Daniela no se reducían a pasar lista, cambiar la fecha en el calendario y comprobar el tiempo que hacía ese día. Eran algo primordial en aquella clase y la actitud de la maestra consistía en estar callada y escuchar a los niños que, en la última etapa, ya ejercían de moderadores por turnos.
Los problemas se hablaban. Se hablaba de todo, especialmente de las diferencias y no sólo de las de Antón. Había niños en el aula con una problemática mucho más inhabilitante socialmente que la discapacidad de Antón, especialmente quienes mostraban problemas de conducta por diversas y complejas circunstancias. Se hablaba sobre los problemas de todos, se analizaban, se intentaban entender y, lo más importante, se buscaban soluciones para que esos niños se sintieran comprendidos y encontraran estrategias que facilitaran la convivencia. Una labor ardua, difícil y constante que requiere de vocación, compromiso y esfuerzo y no tanto de medios materiales.

CompoActitudesMentales

Fuentes: CAPPACES by Carmen

El DEPORTE ADAPTADO, un deporte inclusivo e integrador


La historia de la Escuela de Deporte Adaptado de Las Varillas, Provincia de Córdoba, nos demuestra que detrás de un proyecto con buenas intensiones existen resultados positivos para todos, especialmente para las personas que solían encontrar barreras para practicar deportes por tener alguna discapacidad.
Se entiende por deporte adaptado a aquella actividad físico deportiva que puede aceptar modificaciones, por ejemplo en su reglamento, para posibilitar la participación de las personas con discapacidades físicas, psíquicas o sensoriales en actividades deportivas.
La práctica del deporte adaptado contribuye a promover la auto superación y mejorar la confianza en uno mismo, mejorar las funciones motoras, sensoriales y mentales, y estimular el crecimiento armónico, previniendo deformidades y vicios posturales, entre otros beneficios, y además - pero no menos importante-, favorece la integración social.
La historia de esta Escuela comienza en marzo de 2008,  cuando el profesor Nilso Oliva,  crea un espacio físico para que las personas con discapacidades pudieran practicar un deporte, ya que en Las Varillas -una ciudad del este de la provincia de Córdoba-, hasta ese momento no existía un centro de este tipo.
Vale la pena conocer el relato de Federico Perez, que a los 27 años tomó la responsabilidad de crear el Área de Prensa y Difusión de esta Escuela Varillense, y nos cuenta en primera persona su experiencia como miembro y testigo del nacimiento y crecimiento de este valioso proyecto.
“El profesor Nilso, se reunió con un grupo de padres para empezar a conectarse y buscar el lugar donde desarrollar las actividades. Un día se acerca a mi casa, me lleva un proyecto, y habla con mis padres, pero yo en ese momento le pedí que me diera unos días para reflexionarlo, comprenderlo, porque nunca había trabajado para la discapacidad. Si bien yo siempre entendí que tenía una discapacidad, no quería enmarcarme más de lo que ya venía viendo, y viviendo, así que luego de unos días le di mi respuesta, que fue un sí, y le dije que aceptaba el cargo de Prensa y Difusión de la Escuela de Deporte, para ayudar a informar sobre sus actividades.
Armamos la primera reunión, y se fue sumando gente, especialmente los papás de los alumnos, hasta que se formó una Comisión de Padres, y ahí la Escuela empezó a trabajar con mucho mas sustento. Fue así que la comisión empezó a reunirse más seguido y se comunicaron con la comisión del Club Huracán de Las Varillas, institución en cuyas instalaciones hoy se realizan las actividades deportivas y recreativas de la Escuela. 
De a poco se fueron incorporando alumnos de distintas localidades vecinas, a los cuales fuimos convocando a través de los distintos medios de comunicación, y la Comisión comenzó a realizar eventos, y a participar de eventos con otras Instituciones para recaudar fondos. Se realizaron viajes a torneos, y competencias con otras escuelas  y los chicos volvieron con medallas y trofeos…”
El deporte es un potente motor capaz de impulsar la superación en el ser humano. Crear las condiciones para que las personas con discapacidades puedan practicar un deporte en forma adaptada y puedan alcanzar esta superación personal más allá de las dificultades con las que se enfrentan día a día, no es fácil, pero con energía, compromiso y ganas de generar el cambio, SI se puede, y así lo ha demostrado esta Escuela.  
Habíamos presentado el relato de Federico Perez, responsable del Área de Prensa y Difusión de la Escuela de Deporte Adaptado de Las Varillas, Provincia de Córdoba, donde cuenta los pasos iniciales de esta Escuela, cómo se empezaron a difundir las actividades, la manera en que los padres se empezaron a involucrar, y el proceso a través del cual las instituciones y los medios de comunicación locales les abrieron las puertas para llevar a cabo este proyecto integrador e inclusivo.

Federico indica que lo que más le gusta de su trabajo, es poder informar a Las Varillas sobre los hechos y acontecimientos de su ciudad y más aún, hablar de temas de los que se habla muy poquito, como el deporte adaptado.

“Uno de los objetivos primordiales de la Escuela es conseguir un terreno propio para que las personas que realizan deportes en nuestra institución puedan desempeñar sus actividades, y conseguir un medio de transporte propio,  para poder viajar a los torneos a los distintos lugares que nos envían invitaciones.

En la actualidad a la escuela concurren aproximadamente 40 chicos de distintas localidades vecinas y de Las Varillas, y los deportes que se practican son Natación, vóley, futbol, básquet, y atletismo. 

Durante la temporada de verano, priorizamos la Natación Adaptada la cual se viene realizando desde que comenzó la escuela gracias a la colaboración económica de la mutual de Club Unión. En la actualidad las actividades, se realizan en el polideportivo del Club Huracán, y en temporada de verano se realiza en las instalaciones del Parque Álvarez Luque donde está ubicada la cancha del Club Huracán de Las Varillas.

Si bien la escuela varíllense de deporte adaptado funciona en  forma privada, recibimos ayuda de la Municipalidad cuando hay eventos, y también estamos en contacto con el Área de Deporte Adaptado de la Agencia Córdoba Deportes  que depende del Gobierno de la Provincia, pero el mérito es propio, de todos los que forman parte de esta Escuela.

El 19 de Octubre vamos a realizar un evento a nivel nacional denominado “Circo Sin
Barreras” en el que los alumnos de la Escuela van a demostrar lo realizado durante estos años en el polideportivo del club Huracán, van a haber muchas sorpresas, y va a ser muy emotivo, porque queremos un final del año brillante.

Yo tuve la posibilidad de conducir el programa “Caminemos por la Integración” por FM
Signos, el cual trataba sobre discapacidad en general y de deporte adaptado, y para mí el programa tenía algo particular: Yo que lo conducía tengo una parálisis cerebral  que me dejó secuelas para caminar, así que contar la discapacidad  a través de alguien a quien le pasa la temática, me daba muchas satisfacciones.

Difundir lo que hace la Escuela de Deporte Adaptado es muy, pero muy importante y necesario para que la gente sepa que cada persona con discapacidad puede ser útil y aportar para la trasformación de la sociedad.”

Esta Escuela Varillense provocó un cambio significativo en la vida de todas las personas de una ciudad, estableciendo al deporte como un medio de integración, y promoviendo el respeto mutuo entre personas con los mismos deberes y derechos. Al principio de la nota decíamos que detrás de un proyecto con buenas intensiones existen resultados positivos para todos, en especial para las personas que solían encontrar barreras para practicar deportes por tener alguna discapacidad. Gracias a esta escuela y a todos los que trabajaron y trabajan en ella, estas barreras ya son cuestiones del pasado para todo el pueblo Varillense.


Discapacidad y Derechos: Plazas Inclusivas

Una de las cosas que más disfrutan los niños es ir a la plaza donde encuentran un lugar adecuado para divertirse, jugar y reunirse con sus pares. El juego y la recreación favorecen al desarrollo afectivo, físico, intelectual y social de la niñez, al mismo tiempo que son factores de equilibrio y autorrealización.


Entonces, si todos los niños poseen el derecho a jugar y recrearse… ¿por qué no trabajar para que el mismo incluya la diversidad en diferentes espacios? En algunos puntos de nuestro país, podemos encontrar un fantástico ejemplo de inclusión, se trata de plazas que tienen juegos adaptados a las necesidades de los niños con discapacidad.

Las plazas inclusivas son un dispositivo de inclusión social para estos niños y la recreación en este ámbito les abre un mundo de posibilidades porque les permite conocer sus capacidades, desarrollar habilidades empáticas y comunicativas, entrenar la asertividad y el control físico - emocional, percibir e interpretar la realidad que los rodea, expresarse y ser niños.


En relación a esto, te invitamos a pensar la necesidad de construir enfoques y estrategias para fomentar la participación en actividades lúdicas y recreativas de los niños con discapacidad, desde una perspectiva de pleno acceso a derechos. ¿A vos que te parece? ¿Te sumas a este compromiso?


Por Agustina Guiranna para Proyecto Pura Vida

jueves, 25 de septiembre de 2014

EDUCACIÓN Y ESPERANZA EN LAS FRONTERAS DE LA DISCAPACIDAD


EDUCACIÓN Y ESPERANZA EN LAS FRONTERAS DE LA DISCAPACIDAD
Estudio de caso único sobre la construcción creativa de la identidad
Autor: Ignacio Calderón Almendros
ISBN: 978-84-15305-64-4
Páginas: 496 páginas
Fecha de publicación: marzo 2014
Formato: 16x21
El autor nos presenta un exhaustivo estudio de caso único en el que se aborda la construcción de la identidad de Rafael Calderón, un joven estudiante del Grado Superior de Música. Rafael ha conseguido elaborar su identidad más allá de la interpretación socialmente asumida acerca de la discapacidad. El estudio muestra cómo una persona con síndrome de Down tiene que luchar en la arena educativa para desarrollar una identidad libre de los prejuicios que el sistema educativo y la sociedad en general tratan de imponer. La resistencia generada por Rafael y su familia, los procesos educativos inclusivos, y el uso de la creatividad en la construcción de la identidad han permitido que Rafael pudiera desafiar las representaciones sociales, las creencias y el estigma. Ha llevado a cabo un proceso de resiliencia que desafía las fronteras de la discapacidad y nos invita a la transformación de la escuela. La relevancia del caso y el modo de abordarlo hacen de este trabajo una producción inquietante en la que se presentan las construcciones cotidianas y complejas que permitieron a Rafael soñar y crear lo que anteriormente no existía. Un estudio que alienta la esperanza e invita al optimismo para desarrollar escuelas inclusivas.
Ignacio Calderón Almendros es Doctor en Pedagogía por la Universidad de Málaga, en la que ejerce como profesor del Departamento de Teoría e Historia de la Educación y es miembro del Grupo de Investigación de Teoría de la Educación y Educación Social. Ha trabajado en distintas áreas de conocimiento en el terreno educativo, y colaborado con diversas Universidades de América Latina. Sus líneas de investigación se sitúan en los procesos de exclusión e inclusión educativa, la naturaleza social de la discapacidad, la desventaja sociocultural y los procesos de construcción de la identidad y la diferencia, todo ello a través del estudio de la experiencia educativa.